domingo, 8 de septiembre de 2013

Papá, enséñame a montar en bici.

Yo tenía cuatro años y aún hoy sigo recordando ese día. La luz de la mañana me despertaba, sí. Siempre me levanto con mi maravillosamente preciso despertador. Ese día iba a ser el mejor de todas las vacaciones. Nos marchábamos toda la familia en bicicleta y yo debía estar lista para la ocasión. Nada más salir de mi habitación me encontré con mi madre, que traía el desayuno. Mi padre leía el periódico, maldiciendo a los políticos de país por lo bajo. Me desearon los buenos días y me dispuse a comer el manjar que me esperaba: tostadas con mermelada y batido de chocolate. Ese era un día especial y, como tal, ese era un desayuno especial. El verano justo empezaba y yo ya me sentía excitada por todo lo que me disponía a hacer durante esos tres largos meses alejada del colegio.  Al acabar el magnífico momento de la comida más importante del día, mi madre me dio ropa limpia para ponerme. Debía estar reluciente a la par que cómoda. Al final me equipé con una sudadera de Minnie y unos pantalones de ejercicio del dios Decathlon. Me dijeron que me fuese a dar una vuelta yo sola por la urbanización, ellos me vigilaban desde el balcón y yo, emocionada y abrumada por la responsabilidad, me fuí contenta. Nada más bajar de mi casa, me monté en mi bici de ruedines. Una chica de mi edad pasó por delante con su estirada madre y me soltó: ¿Aún vas con ruedines en la bici? pareces una niña pequeña. Me lo dijo con tal desprecio que tiré la bicicleta allí en medio y me fuí a casa. nada más entrar, con lágrimas en los ojos le dije a mi padre: Papá, enséñame a montar en bici.

Basado en una historia real.


by Naia